Una mujer de violeta en Toulouse

Muchos conocen Toulouse como la ciudad rosa, por el color que le dan los ladrillos con los que están construidos algunos de sus edificios. Sin embargo,  la historia de esta ciudad del sur de Francia también está teñida de morado ya que uno de sus emblemas es la flor violeta.

La leyenda cuenta que la que hoy se denomina La Violeta de Toulouse, llegó a la ciudad de la mano de un soldado que volvía del Piemonte. El soldado llevó un ramo de violetas a su querida y, a partir de ese momento, la flor se popularizó en la región. Con soldados enamorados o no, el hecho es que el comercio de violetas vivió momentos de gran esplendor en Toulouse. Durante la primera mitad del siglo XIX, se contabilizaron más de 600 familias de productores de violetas que vendían sus ramos de flores y productos derivados, no solo en toda Francia sino también en Europa y Marruecos.

La violeta de Toulouse (Kathia Margon)

Esta tradición perduró hasta finales de los años cincuenta, pero la bonanza terminó en 1956 cuando hubo un riguroso invierno en Europa, con temperaturas que llegaron a los -22º en Toulouse.  Las violetas, que solo resisten a temperaturas alrededor de los -6º, murieron y la recolecta de ese año fue un fracaso. Empezó entonces el declive del comercio de violetas en Toulouse que solo volvería a renacer tímidamente a finales del siglo XX, a través de la reproducción in-vitro y gracias a las ayudas económicas de gobiernos regionales.

Hoy en día, paseando por las coloridas calles de la ciudad del Garona, podemos ver aún pequeños negocios donde se venden todo tipo de artículos confeccionados con violetas. Kathia Margon es la dueña de “ La marchande de violettes” y nos explica que, a diferencia de la violeta salvaje, la variedad de violeta típica de Toulouse no tiene semillas, por lo tanto, sólo puede reproducirse con estolones. Además, añade que tiene muchos más pétalos que la violeta convencional y que lo que la hace más especial y le da más valor es que es una de las pocas flores que florece en invierno.

Productos derivados de la violeta

Kathia, vestida con un delantal morado, nos invita a adentrarnos en su pequeña tienda, completamente dominada por tonalidades de ese mismo color.  “El producto estrella -dice mostrándonos los estantes- es la violeta cristalizada, un dulce hecho con una violeta fresca bañada en sirope y azúcar”. En su pequeño mundo violeta, entre perfumes, mermeladas e incluso muñecas que representan las recolectoras de violetas de la época, a Kathia se la ve contenta de recibir a los forasteros y explicarles la importancia de esta flor en la región.“Si venís mañana encontraréis a mi hijo, él ahora está estudiando musicología, pero me ayuda de vez en cuando. Yo aún tengo la esperanza de que más adelante quiera continuar con este negocio que inició mi abuela y que pretende conservar una de las tradiciones más bonitas de nuestra ciudad.”

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