Primer paso: el viaje a Moldavia

Nuestro proyecto Billetes de ida y vuelta está muy cerca de hacerse realidad. En julio, los integrantes de Aclimatados viajamos a Moldavia para conocer de primera mano este país del que, hace unos meses, prácticamente no habíamos oído hablar. Allí, recopilamos todo el material necesario para crear un libro de viajes.

Parlamento de Moldavia

La mayoría de nosotros llegamos a Chisinau en transporte terrestre desde Rumanía, en bus y en tren. Si bien hay vuelos directos desde Barcelona —operados por la compañía low cost Wizz Air—, durante la época de verano los precios no bajan de 200€ y, si tienes tiempo y ganas de conocer otros países, por este mismo precio puedes viajar a Rumanía, pasar unos días allí y luego llegar por tierra hasta la capital moldava. Y es que, a veces, para conocer bien un lugar, más vale priorizar la calidad que la velocidad: es mejor escoger opciones de viaje que te permitan enriquecerte durante el trayecto, que escoger esas que te lleven más rápido a tu destino pero que te aporten poco y nada durante el recorrido.

Pese a que durante la época soviética la industria moldava creció notablemente, la agricultura sigue siendo el principal motor económico del país. Es por eso que sus paisajes son mayoritariamente agrícolas. Estos se siguen trabajando con maquinaria antigua: pequeños tractores, muy alejados de los que acostumbramos a ver en otros países de Europa, e incluso carros tirados por animales.

Además, Moldavia es un país plano, característica que pudimos comprobar desde la ventana del autobús: muchos campos, mayoritariamente de viñas y girasoles, y pocas montañas. De hecho, el punto más alto de la nación apenas sobrepasa los cuatrocientos metros de altura.

Campos de girasoles

Al llegar a Chisinau dejamos atrás la tranquilidad rural. Entre los inmensos edificios grises de aspecto soviético, el tránsito se daba paso a base de claxonazos y derrapes. Aunque ya eran las siete de la tarde y los moldavos acostumbran a cenar temprano, en las calles seguía habiendo mucho movimiento.

Nos llamaron la atención las mujeres mayores que vendían flores en las esquinas. Con sus pañuelos en la cabeza y sus cestas llenas de ramos creaban una imagen que, en ojos de turista, parecía muy fotografiable. Sin embargo, la percepción cambió cuando nos explicaron que estas mujeres, de edades no menores a los setenta años, se veían obligadas a ganarse la vida de esa manera ya que las pensiones que reciben no les son suficientes para vivir. Fue la primera señal que nos confirmó nuestra llegada al que es considerado como el país más pobre de Europa.

Durante los siguientes diez días recorrimos el país con los billetes de Lei, la moneda moldava, como mapa. Las marshutkas fueron nuestro principal medio de transporte. Estas furgonetas, con apenas una quincena de asientos y no aptas para los que se marean fácilmente, llegan a prácticamente todos las ciudades y pueblos dentro de la geografía moldava. Son la opción más económica para moverse y la que usan la mayoría de los moldavos, por lo tanto, la que nos interesaba más para entrar en la esencia del país.

Marshutkas en Chisinau

Además de quedar conquistados por la exquisita gastronomía local, Moldavia nos llegó al corazón por su gente. Aunque al principio podían parecer temerosos y desconfiados, enseguida se lanzaban a preguntarnos de dónde veníamos y qué se nos había perdido en Moldavia. Poco acostumbrados a recibir turistas, se abrieron rápidamente a nosotros al comprender que nos interesaba su cultura, sus tradiciones, y que nuestra intención era promocionar su país en el extranjero. Su amabilidad nos llevó a participar en una boda moldava, a poder hacer una visita privada en el Parlamento y a probar el exquisito vino de Purcari. ¡Incluso aparecimos en la televisión local! Sin duda fue un viaje difícil de olvidar y, que además de dejarnos con muchas ganas de volver, nos dejó con la sensación de tener la responsabilidad de dar a conocer esta pequeña y olvidada nación.

Al volver a Barcelona empezamos a plasmar nuestra experiencia en papel, dando forma al proyecto «Billetes de ida y vuelta». Ahora, con el trabajo ya bastante avanzado, necesitamos un último empujón para hacer realidad nuestro deseo de dar a Moldavia la oportunidad que se merece. ¿Nos ayudas?

Construyendo Billetes de ida y vuelta

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