Mi primera experiencia de Couchsurfing

Si estaba lista para empezar mi primer viaje sola como mochilera, mejor abrazar todo el espíritu, ¿no?

Nunca había hecho Couchsurfing, pero tenía muchas ganas de hacerlo. Es una forma increíble de conocer locales, de conectar con otra cultura, de visitar un lugar de manera distinta y, aparte de eso, una manera de ahorrar mientras viajas. Couchsurfing es un sistema que te permite quedar con locales de forma gratuita en cualquier parte del mundo. Básicamente, es un sitio web de viajeros para viajeros y eso es lo que más me fascina; la comunidad que se genera a través de esta web.

Envié solicitudes a personas de todas las ciudades y pueblos que iba a visitar en México en esa semana. Daniel, de Tulum, fue mi primera respuesta y mi primer anfitrión.

No os miento. Estaba más nerviosa que en mi primera entrevista de empleo. Y creo que eso lo explica todo.

El reloj de la estación de autobuses marcaba las 5.30 cuando Daniel llegó. Traía una gran sonrisa, a pesar de todo el calor que emanaba. Su casa estaba a las afueras de la ciudad. Eso yo no lo sabía. Pero bueno… uno no elige el host por su dirección, sino por su perfil. Los nervios seguían a la flor de la piel y no pararon hasta el final de esa noche.

Hogar, dulce hogar

“Bienvenida. ¿Te gusta?” No sabía qué decir. La casa era una habitación. Una habitación con un mini ventilador cuya brisa no llegaba ni a la mitad de la pequeña división y una cama. Una sola cama y una hamaca. ¿Dónde voy a dormir? No tuve coraje de preguntarlo. Tenía demasiado miedo de su respuesta. ¡Nada que un ceviche y unas chelas no resuelvan! Pensé. Pero no fue así. Cuando llegamos, la habitación seguía siendo la misma. “Te ofrezco la hamaca o la cama?”, me preguntó. Entre la cama donde duermes todos los días y la hamaca que, para mí, sirve para una simples siesta… “La hamaca”, le dije. Fueron 2 horas de puro sudor e incomodidad que terminaron cuando me desperté y salí fuera. 11 de la noche y yo estaba sola, en lugar desconocido, una calle sin luz y con 5 perros persiguiéndome.

Parte de la habitación donde estaba la hamaca

¿Pero qué haces, Marta? Demasiados km me separaban del centro y no había nadie que me pudiera llevar. Hasta que llegó Nelson en su motito de entrega de marisco. A 20 km/h me llevó hasta el hostal más cercano que, por suerte, tenía habitaciones libres y una cerveza gratis. “Nada que una chela no resuelva”. Y esta vez si lo resolvió. Los nervios pasaron y estaba, ahora, rodeada de aquellos que serían mis compañeros de viaje.

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La foto que consegui con Nelson!

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