El viaje más bello del mundo

Viajar. La acción de desplazarse de un lugar al otro con la intención de satisfacer un objetivo o necesidad, individual o común. Hoy en día, uno ve el viaje como un privilegio; como una de las actividades que remarcan las diferencias que existen en la sociedad. Es decir, el término “viaje”, erróneamente, vive del turismo. Pocas veces lo asociamos a palabras como supervivencia, ocupación y reconocimiento, pero al descanso, a las vacaciones, al tiempo libre, eso sí.

Fue justo con la supervivencia que se dieron los primeros viajes de la historia de la humanidad. Para ser más precisa, de la historia de los seres vivos. Es precisamente ahí que empieza el viaje de este libro que hace un recorrido por la evolución del viaje y de los viajes en función de la época. Desde los ñus y homo sapiens, pasando por viajeros como Herkhuf, Ibn Battuta y Darwin, hasta el viaje en los días de hoy como profesión, bien de prestigio y ocio.

El ser humano no está hecho para quedarse en el mismo lugar toda su vida. Aunque los motivos cambien con el pasar de los años, la verdad es que es algo que nos es intrínseco. Desde los principios de la humanidad nos acostumbramos a desplazarnos, inicialmente, por el tema de la supervivencia. ¿Y por qué viajamos ahora? Aparte del principal motivo que nos lleva a cambiar de lugar, real o virtual, ¿no será que hay otra razón que se relacione con la supervivencia? Yo diría que sí, pero ahora con dos enfoques diferentes. No estamos hablando apenas de una supervivencia física, sino también mental y psicológica. Millones de personas se trasladan a otros países, en busca de una mejor condición de vida, saliendo así de su zona de conforto, de su hogar. Los motivos son varios, pero la finalidad es una: sobrevivir.

Sin embargo, viajar igualmente es una terapia. Para muchos, el momento por el que más esperan todo el año es su periodo de vacaciones. Es como si fuera un botón de reinicio en sus vidas. Después de muchos meses a trabajar, surge la oportunidad de transportarse física y mentalmente a otro lugar; ahí uno regresa más feliz, descansado y con las energías renovadas. Pero “hay que matizar que las vacaciones no están al alcance de todo el mundo […] no siempre se pueden tener los recursos económicos para poner en marcha un desplazamiento.” (Rull, Serralonga, 2008; 92). No obstante, no nos olvidemos: la palabra “vacaciones” suele dar la mano a las palabras viajes y desplazamiento, pero al revés no pasa lo mismo. Es posible viajar sin trasladarse.

Hoy en día, hay materiales que nos permiten hacer un recurrido por todo el mundo sin salir de casa: fotografías, mapas, libros, documentales, noticias, etc. A eso se llama viaje virtual, racional o viaje con la mente (Rull, Serralonga, 2008). Si un viajero no tiene dinero y tampoco tiene tiempo para desplazarse, puede hacer ese tipo de viajes las veces que quiera. Es una manera de volverse viajero y de adquirir conocimiento de distintos lugares.

Eso lo hizo también Charles Darwin, después de regresar de su viaje en el Beagle, a través de las informaciones que había recogido en las Islas Galápagos. Sin saberlo, había embarcado en un viaje que cambiaría para siempre su vida y la de la humanidad. Si bien Darwin, graduado en Teología, creía que el origen de las especies era divino, su curiosidad y el hecho de abrir su mente y ojos a un nuevo mundo, hicieron con que elaborara una teoría sobre la evolución de las especies completamente distinta de aquella que existía hasta ese momento. No hay mejor consejo para un viajero que no sea abrir la mente a nuevas experiencias, observar bien lo que le rodea y absorber el máximo de información que pueda.

Es importante recordar que la forma como viajamos hoy y lo que sabemos sobre el mundo se debe mucho a esos viajeros cuya curiosidad los llevó a romper mitos, pisar territorios desconocidos, enfrentar enemigos, arriesgar sus vidas, pero no sin antes pasar al otro lo que habían aprendido. Sea como producto escrito o hablado, no podemos ignorar la importancia de esos geógrafos, historiadores, científicos, comerciantes y viajeros-exploradores en su tiempo- que nos dejaron su legado (Rull, Serralonga, 2008). El viajero (y el periodista de viajes más que nadie) debe comprender el valor que tiene la comunicación y la documentación de los viajes porque a eso se debe lo que sabemos hoy.

No hay viaje más bello en el mundo que el viaje del término viajar.

RULL, D. & SERRALLONGA, J. (2008). Viajes y viajeros. La aventura de viajar: desde los orígenes hasta nuestros días. Barcelona: Niberta

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