Cracovia: una trompeta, un dragón y Spielberg

Polonia es, sin duda, uno de los países que más ha sufrido de Europa. La oscura etapa histórica que supuso la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto han marcado para siempre esta tierra que, aun así, con el tiempo ha sabido recuperar sus colores y su vitalidad, convirtiéndose en un destino a tener muy en cuenta a la hora de visitar el centro de Europa. Entre sus perlas encontramos Cracovia, capital del país hasta 1596 y una de las pocas ciudades que no tuvo que ser reconstruida después del conflicto bélico: su belleza hizo que los invasores prefirieran habitarla antes que destruirla.

Calle de Cracovia

La Plaza del Mercado

Justo después de las doce campanadas que indican el mediodía, las notas de una trompeta empiezan a resonar por toda la Plaza del Mercado de Cracovia. La mirada de los paseantes se dirige hacia la torre más alta de la Basílica de Santa María, emblema de la ciudad. En uno de sus ventanales brilla, gracias al sol de julio, el instrumento de viento que, por unos instantes, parece haber parado el tiempo a sus pies. La melodía sigue unas notas más, resiguiendo cada rincón de la gran plaza y alrededores: el mercado cubierto y sus grandes arcadas, las terrazas de los cafés repletas de gente, los elegantes carruajes que esperan que los turistas se animen a subir, la animada calle Florianska… De pronto la música se interrumpe en seco. La leyenda cuenta que fue la flecha de un invasor la que dejó la canción a medias clavándose en la garganta del trompetista, que aun así consiguió avisar a su pueblo del inminente ataque del enemigo. La verdad es que parece poco probable que un arquero tuviera tal puntería, pero sea como sea, es en recuerdo de ese trompetista que cada hora se repite el curioso ritual, recibido con admiración por los turistas.

Basílica de Santa María

La colina de Wawel

La del trompetista no es la única leyenda que se cuenta en Cracovia. Otro de los puntos de interés de la ciudad, la colina donde se encuentran el Castillo y la Catedral de Wawel, también esconde una historia de cuento que, tal como la de casi todos los castillos, tiene un dragón y una princesa como protagonistas. Los dos edificios reciben centenares de visitantes cada día, muchos de ellos acompañados de un guía con paraguas y acento marcado que con grandes gestos intenta imitar al terrible dragón que asustaba a los cracovianos antes de ser abatido por un ingenioso campesino. Por si la teatralidad del guía no es suficientemente explícita, a los pies de este pequeño cerro, en la orilla del río Vístula, se encuentra una estatua del dragón que, frente al entusiasmo de los más pequeños, saca fuego por la boca de vez en cuando.

Colina de Wawel

La Cracovia judía

A pocos pasos de la Colina de Wawel encontramos el barrio judío, también conocido como Kazimierz. A pesar de lo ocurrido después de la invasión nazi, Polonia fue históricamente tierra de acogida para la comunidad judía y esta zona de la ciudad vivió momentos de gran esplendor. Sin embargo, después del conflicto quedó prácticamente abandonada y se convirtió en un lugar oscuro y peligroso. No fue hasta que Spielberg decidió grabar distintas escenas de La Lista de Schindler en el barrio, en los años noventa, que el distrito revivió, siendo ahora una zona bohemia y joven, con arte callejero y bares con música en directo.

Puente Bernatek

 

Esquina del barrio judío

No podemos hablar de la Cracovia judía sin hablar del antiguo gueto, lugar donde miles de judíos fueron obligados a vivir de manera infrahumana antes de ser llevados a los campos de exterminio. El gueto fue situado al otro lado del río, donde hoy se llega cruzando el original puente de Bernatek. El lugar más destacado del antiguo gueto es la Plaza de los Héroes del Gueto (Plac Bohaterów Getta). En este espacio, escenario de numerosas ejecuciones y punto de partida de los trenes hacia los campos de concentración, ahora hay un monumento conmemorativo que recuerda las víctimas del Holocausto. La obra de arte representa el mobiliario que los judíos intentaban llevarse consigo cuando eran obligados a dejar sus casas y establecerse en el gueto. Aunque hay una estación de tranvías al lado, parece que la plaza vive en una burbuja de silencio, como si todos los horrores que se vivieron en ella la hubieran enmudecido para siempre.

Plaza de los Héroes del Gueto

Para terminar de comprender la compleja historia de esta ciudad polaca durante la Segunda Guerra Mundial, es muy recomendable visitar el museo de la Fábrica de Schindler, a pocas calles de la plaza de los Héroes del Gueto. El museo es sin duda un espacio conmovedor que recuerda la época más negra de una ciudad que ha sido capaz de curar sus profundas heridas pero que tiene muy presentes las cicatrices.

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