“Chau” Uruguay: un viaje a través de la conciencia

Uruguay es una cosa rara… Porque yo casi toda mi vida, la viví fuera de mi país, pero de cualquier forma yo siempre llevé a Uruguay en mi corazón, es más mi corazón tiene forma de Uruguay

Carlos Páez

Me encontraba en Lima una tarde de domingo pensando en mi siguiente destino. Recuerdo que mis opciones eran Brasil o Uruguay; en ese entonces, mi estado de ánimo estaba un poco bajo y quería más tranquilidad, así que decidí llamar a un amigo argentino para que me recomendara lugares en Uruguay, ya que me quedaría treinta días ahí. Su respuesta fue: “Cualquier lugar donde llegues a Uruguay, será amor y paz”. Un poco sorprendida por su respuesta, solté una carcajada. “Te hablo en serio, compra los tiquetes primero a Uruguay y luego podrás ir tranquilamente a Brasil”, dijo.

Así empezó mi aventura en este país, que marcó mi ruta por Sudamérica de una manera

muy positiva. Me enteré que realizarían un retiro budista en los días que yo estaría en Uruguay, así que decidí inscribirme. Al principio pensé pasar quince días de mi estadía en un retiro era una decisión muy radical, dado que casi no iba a conocer el país, pero también hay lugares que se presentan ante ti para explorarlos de otra manera.

Después de cuatro horas volando desde Lima, observé cómo se delineaba un mapa de luces en el exterior. Parecía como que el avión, en su movimiento, estuviese dibujando el panorama. Recuerdo haber estado escuchando una canción de Nina Simone, “Feeling Good”. La tengo en la memoria porque musicalizó el aterrizaje más hermoso que he tenido.

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Vista desde el avión

Al aterrizar, ya percibí una magia especial este lugar. Lo primero que observé cuando tomé el autobús fue que me recibían con un enorme “CHAU” en el aeropuerto, como si algo se estuviese yendo. Sin saberlo, en realidad me esperaba un enorme “HOLA”, pero no: acá las cosas eran invertidas.

En medio del frío uruguayo (estábamos en julio, pleno invierno) tomé el autobús que me llevaría a mi retiro en Costa Azul, un balneario ubicado a una hora y media de Montevideo. Es un balneario recurrentemente visitado en verano, pero en invierno va muy poca gente. Por eso, los autobuses que te llevan en temporada baja son escasos.

Luego de dos horas llegué a la sede del retiro: estaba ubicada frente al mar y su construcción era muy moderna y amplia. Me recibieron con un té verde, y dos botellas de agua que debía llenar permanentemente durante mi estancia; me explicaron que la comida que nos darían sería vegetariana, y también me dieron el horario de las actividades, que comenzaba con yoga a eso de las seis de la madrugada y continuaba con un desayuno, meditaciones, charlas, talleres y otros.

Al principio sentí un poco de temor a lo desconocido. Pero cuando entré a mi habitación, me di cuenta que se parecía a un “hostel” lujoso, y compartía con una alemana, una irlandesa, una argentina y una brasileña.

En este retiro nos congregamos ciento cincuenta personas de diferentes nacionalidades, buscando un poco de calma frente al caos del día a día. Los primeros días no entendía nada, pero, poco a poco, el corazón entiende silenciosamente.

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Retiro en Uruguay

Después de los quince días de retiro, ya no soy la misma mujer que llegó a este país. Ahí empiezo a entender el mensaje del aeropuerto, ese “CHAU” que tantas vueltas me dio en la cabeza.

Y ya abrazando esta “magia invertida” que tiene Uruguay, comenzó mi viaje turístico para recorrerla.

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