Ruta por el Montseny junto a Joan Maragall

Ai! Altes soletats, que en sou de dolces
amb els herbatges verds
on canta l’esquellot de la ramada,
i el bosc silenciós
i la masia lassa!..

(Joan Maragall, fragmento del poema Del Montseny)

Masia La Figuera (Leonardo Gerzon)

Inspirado por la naturaleza del Montseny, el poeta catalán Joan Maragall escribió estos versos durante una de las estancias que hizo al que hoy, es uno de los parques Naturales más apreciados de Catalunya. Maragall, como otros muchos artistas modernistas de principios del siglo XX, huía de Barcelona para refugiarse en la tranquilidad rural y disfrutar de momentos de desconexión que marcaron parte de su obra poética. Tanto él como otras personalidades de la talla de Santiago Rusiñol o Lluís Millet solían alojarse en una masía conocida como La Figuera, donde vivía la nieta de los amos de la casa. Esta niña, conocida como Lola de la Figuera, estableció buenas relaciones con todos los visitantes, pero marcó particularmente a Maragall, con quien intercambiaba correspondencia cuando este volvía a la ciudad. El poeta incluso le dedicó algunos poemas como el siguiente, donde la recuerda gracias a un ramo de flores que ella le regaló.

PER LA LOLA DE “LA FIGUERA”

Aquelles flors que em vas dar
Tot el camí van fer olor.
I aixís que vaig arribar
en aigua les vaig posar
per donà’ls-hi més frescor.
I encara dies i dies m’han fet recordar de tu,
de quan a l’hort les collies,
de quan en pom les guarnies
i de quan me les vas dur.
Ara les flors ja han passat mes el record ha restat,
entorn meu com una flaire.
I tu del goig que m’has dat,
te n’has enrecordat gaire?

Joan Maragall

Hoy, proponemos descubrir el entorno donde nació la particular admiración de Maragall hacia la pequeña Lola, recorriendo los paisajes que fueron plasmados en versos, partituras y pinturas por los modernistas catalanes. Nos disponemos a recorrer la ruta de aproximadamente 7km que hacían los huéspedes de La Figuera desde la estación de Aiguafreda, donde llega el tren proveniente de Barcelona, hasta la masia ( vivienda rural típica de Catalunya).

La caminata es de dificultad moderada. En la época de nuestro poeta Joan Maragall, eran las mulas las que cargaban con el equipaje y las que facilitaban el trayecto pero, actualmente, a falta de mulas, aconsejamos un buen calzado, ropa adecuada para hacer travesías, y agua y comida para las aproximadamente 5/6 horas que dura el recorrido de ida y vuelta.

Empezamos la ruta entrando al pueblo de Aiguafreda, situado en la comarca del Vallès Oriental, desde unas escaleras que salen del mismo andén de la estación. Dejando atrás las primeras casas llegamos a la Plaza de la Abella por la calle Sant Jaume y, enseguida, encontramos el puente que lleva el mismo nombre. Desgraciadamente hoy en día la bonita arquitectura del puente de piedra convive con el tránsito de la carretera C-17, que fue construida justo encima, dando como resultado una fotografía con una mezcla de realidades un tanto particular. Mientras lo atravesamos, no podemos evitar preguntarnos cómo vería Maragall esta imagen de modernización a mitad del camino hacia su refugio natural.

Pont de l'Abella

Puente de l’Abella (Leonardo Gerzon)

Al final del puente encontramos una rotonda desde donde sale la carretera de Ribes, que nos conduce hasta una segunda rotonda. Allí varias señales nos indican el camino hacia la Ermita de Sant Salvador, uno de los puntos de interés de nuestra ruta. Pero antes de llegar allí nos desviamos ligeramente del recorrido, atravesando un pequeño puente metálico que encontramos a la altura del número 33 de la calle Avancó. Este nos llevará a un camino de tierra donde encontramos indicaciones que nos conducen a los antiguos pozos de hielo de Aiguafreda, justo antes de llegar al Restaurante Les Alzines. En estos pozos antiguamente se almacenaban los bloques de hielo que luego se vendían en los grandes centros urbanos durante los meses de calor. Estas estructuras de forma circular, utilizadas hasta la década de 1940, resultan muy interesantes para comprender como se vivía tiempo atrás cuando las neveras aún no existían.

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Pou de glaç (Leonardo Gerzon)

Muy cerca de los pozos encontramos una pequeña placa que recuerda a Joan Maragall y a sus visitas a La Figuera. El tamaño de la placa nos lleva a pensar que, probablemente, no se le ha dado la importancia meritoria al paso por la zona de uno de los poetas más destacados de la cultura catalana.

Placa en recuerdo a Joan Maragall (Leonardo Gerzon)

Cruzando de nuevo al otro lado del arroyo continuaremos por la calle Avancó hasta llegar a una curva pronunciada hacia la izquierda, que nos lleva a la ya mencionada Ermita de Sant Salvador. Esta construcción románica, que data del siglo XII, será la última parada que haremos antes de seguir por la calle d’Avancó y adentrarnos por completo en el Parc Natural del Montseny.

Ermita de Sant Salvador (Antonio Rosselot)

Hoy, un camino de tierra suficientemente ancho como para que circulen los coches nos permite llegar a la masia con facilidad, pero Joan Maragall y sus compatriotas tenían que penetrar el bosque para hacerlo. De todas formas, no todo eran inconvenientes; el paseo permitía a los artistas disfrutar de una naturaleza a la que no estaban habituados y eso les inspiraba para sus obras.

Mientras seguimos sus pasos, intentamos imaginar la emoción con la que, tanto Lola como Maragall esperaban reencontrarse. De hecho, podemos apreciar la estima que se tenían en las cartas que Maragall recibía de su buen amigo Pijoan, que pasaba largas temporadas en La Figuera y que también tenía una buena relación con la pequeña.

“Lola ha recibido su carta con una alegría febril. Usted no puede imaginar la impresión que le ha producido. Le temblaban las manos y ha tenido que pedirnos que se la leyésemos.” (Fragmento de correspondencia entre Pijoan i Maragall, 1902).

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Masia La Figuera (Leonardo Gerzon)

 

 

 

 

 

 

Después de caminar un par de horas por un desnivel de unos 500 metros finalmente salimos de la zona boscosa y llegamos al Pla de la Calma. Allí, por primera vez, tenemos vistas a La Figuera que, imponente, parece no cansarse de contemplar el paisaje que se extiende a sus pies. Es desde allí, delante de estas vistas espectaculares, que comprendemos la magia del rincón y no podemos evitar sumergirnos en la nostalgia que empapa los muros de la casa. Es momento entonces para buscar una sombra y comer un poco, mientras unas vacas (que no son ciegas) nos observan con curiosidad.

Para consultar el mapa de la ruta, pincha aqui 

vaca

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