Aprender a escuchar un destino, también es viajar

Yunka Wasi cuenta una multitud de historias que la propia selva esconde. El autor nos introduce tanto en la historia que realmente a veces parece que estemos caminando a su lado.

Con una narrativa que no escatima en detalles la obra te atrapa de tal manera que, si nunca antes habías pensado en la posibilidad de recorrer el Amazonas y conocer su gente, te encuentras delante de un sin fin de palabras que despiertan ese espíritu aventurero del que presumimos todos y, a la vez, son pocos los que llegan a poder llamarse aventureros o, en este caso, viajeros.

En un mundo en el que el viajar está de moda, tal y como recuerda Tejedor en su obra, cualquiera se atreve a llamarse viajero. Actualmente ninguno queremos sentirnos turistas, los turistas son aquellos que vienen a nuestra ciudad y nos impiden el paso delante de monumentos que nosotros tenemos tan vistos que no les prestamos ninguna atención al pasar.

Portada libro Yunka Wasi. Fotografía de Gabriel Jaraba

Viajar no es subirse a un avión para recorrer un lugar en concreto pensando en qué filtro utilizar de más o de menos en una foto para recordarle a Internet, y en este caso a lo que nosotros consideramos mundo, que existimos y tenemos una vida plena. Tampoco es quedarse en la superficie de cualquier destino por no saber ver más allá que lo que nos ofrece a simple vista.

Viajar es perderse sin saberlo y a la vez encontrarse a uno mismo. Viajar es desear nunca volver a pisar dicho destino y ser incapaz de no hacerlo, tal y como le pasa al autor que juró que jamás volvería a la selva y no ha dejado de hacerlo. También es rellenar cuadernos con dibujos, palabras y tachones. Algo que Tejedor no deja de hacer en su viaje al Amazonas y que, a su vez, nos deja leer páginas de esos pensamientos escondidos en una bitácora de viajes.

Un viajero es aquél capaz de narrar su historia, hacer que el lector necesite seguir leyendo no tanto para saber cómo acaba la historia, que también, si no para no dejar de caminar junto al autor por el destino escogido por el mismo. Viajero es aquél que escucha, habla y pregunta. El mismo capaz de contar historias que él mismo escuchó. Yunka Wasi no deja de sorprender con relatos de la vida actual de los habitantes de la espesura verde más amplia del planeta, como también ofrece historias, leyendas y cultura de estos mismos pueblos y sus antepasados.

A veces, los libros nos dejan al descubierto todo aquello que necesitamos en nuestras vidas. Historias de amor, terror, dramas y fantasía pueden ser nuestra válvula de escape a una realidad que muchas veces nos supera. Pero existe otra forma de viajar, y es a través de libros que relatan aventuras en primera persona dentro de este mundo que se ha convertido en nuestro hogar.

Santiago Tejedor en el Amazonas ecuatoriano Fotografía del Gabinete de Comunicación de la UAB

Viajar también es aprender y, por lo tanto, viajero es el que aprende pero también, el que desaprende. Muchas veces aprendemos lecciones que ya sabidas pero a la vez olvidadas. Tejedor nos hace reflexionar en su obra que viajero es aquél que se cuestiona todo lo sabido. Palabras como “progreso” dejan de tener sentido cuando se adentra en la selva y comprueba que hay vida más allá de lo que nosotros consideramos normal. También recuerda que aquellos que viven diferente a nosotros no son menos “civilizados” e invita a la reflexión recordando que, los civilizados, son muchas veces los que se convierten en bárbaros al privar de sus tierras a los nativos y de la vida de un sin fin de seres vivos por un mero interés económico.

Así pues, viajar es un aprendizaje constante mientras olvidamos todo aquello que creíamos saber del mundo al adentrarnos en un lugar que nos hace replantearnos todo lo sabido. Viajar es una forma de vida y no una manera de pasar las vacaciones o el tiempo libre que se tiene. Viajero es aquél que consigue enriquecerse y crecer como persona de cualquier destino que visita. Por lo tanto, un viaje, es un sinfín de historias contadas por los propios protagonistas de la cultura y las leyendas.

Porque “no se trata solo de ir. Tampoco de ver. La meta debería ser entender y actuar. Quizás comprendiéramos así que lo diferente no debería ser sinónimo de problemático ni de molestia. Tal vez deberíamos recordar que nos unen más cosas de las que nos diferencian y que, a fin de cuentas, viajar es descubrir dichas diferencias y seguir sorprendiéndonos con lo escasas que pueden llegar a ser.

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