192 horas en Toulouse

Barcelona fue nuestro punto de partida, nos quedaban solo dos horas de viaje para conocer la “Ciudad Rosa”. Era semana santa y, por lo general, todos los destinos estaban por las nubes así que buscamos por BlaBlaCar y nos dimos cuenta que era muy económico: ida y vuelta nos costó 52 euros. El hospedaje decidimos buscarlo por Airbnb y encontramos un pequeño apartamento que quedaba muy bien ubicado, ya que estaba muy cerca de una estación de metro y del centro histórico de Toulouse.

Después de dos horas de camino y alejándonos de la primaveral Barcelona, llegamos a Toulouse y nos recibió la estación Ramonville, junto a un frío increíble. Mi amigo y yo no hablamos francés y ya eran las 12 de la noche. A pesar de eso vimos que sólo habían dos líneas de metro y que podríamos buscarlas en el mapa, por lo que no era tan difícil llegar a nuestro destino.

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Estación de Ramonville, Toulouse

Cuando llegamos al apartamento nos pareció pintoresco, había una cama en unos pallets y un sofá-cama. Cogí mis cosas y me apropié de la cama, realmente no me veía cuatro días durmiendo en el sofá-cama. La decoración era bohemia, tenía instrumentos musicales por toda la habitación y además me sorprendió un gran oso de peluche, el cual convertí en mi almohada durante los cuatro días en Toulouse.

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Habitación en Toulouse

La mañana del sábado nos levantamos temprano, con esas ganas de cualquier viajero de explorar y sorprenderse. Fuimos a desayunar a un café cercano llamado Columbus, un café y un croissant están aproximadamente a 3,6 euros. Durante el desayuno organizamos el itinerario del día y nos dimos cuenta que Toulouse es una ciudad pequeña que permite recorrerla en poco tiempo, así que nos pusimos en marcha para descubrirla en cuanto el café nos hizo efecto y nos acabó de despertar.

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Desayuno en Columbus, Toulouse

Nuestra primera parada fue el Canal du Midi. Este canal une el río Garona con el mar Mediterráneo y cuando llegas a este punto puedes encontrarte con unas embarcaciones muy pintorescas. Además, alrededor se ven los árboles que juegan con el agua. Es precioso pasar por los puentes que atraviesan sus aguas calmadas.

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Río Garona, Toulouse

Luego fuimos al Capitolio, una visita obligada. El camino que conduce a este lugar es muy “europeo”, las construcciones son preciosas. También es un lugar lleno de turistas ya que a su alrededor hay muchas terrazas y restaurantes para disfrutar de la buena gastronomía francesa. Aquí encontramos el Ayuntamiento y el Teatro Nacional del Capitolio.

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Capitolio de Toulouse

Posteriormente, pasamos por la Basílica de San Fermín, una construcción románica considerada como la más antigua de la Occitania. En el año 250, San Fermín fue martirizado, arrastrado por un toro, y esta basílica fue construida sobre la tumba del mismo.

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Basílica de San Fermín, Toulouse

Después de varias horas de caminata llegamos a un conocido restaurante de waffles para almorzar. El menú costaba alrededor de unos 15 euros e incluía un plato principal, bebida y postre.

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Típicos waffles de Toulouse

Después de reponer fuerzas, nos fuimos al mercado llamado Víctor Hugo. Nos lo recomendaron por su mezcla de modernidad y tradición, lo que hace que tenga un encanto único. Es un lugar que nos permitió descubrir múltiples colores, sabores y encontramos una variedad increíble de vinos, quesos, pescados y carnes.

El clima no ayudó mucho ya que desde la noche anterior no había parado de llover. El día estaba gris y hacía mucho frío. Decidimos volver al apartamento porque ya íbamos muy mojados y no estábamos disfrutando la ruta de la misma manera.

A las 11 de la noche, ya en nuestro apartamento, seguía sin dejar de llover, por lo que decidimos cambiar la ruta para el día siguiente ya que mi acompañante no tenía ropa adecuada para el frío.

Terminamos el día con una copa de vino que compramos en el mercado y una tabla de quesos y preparamos la ruta del siguiente día.

Me desperté sobre las 8.00am y abrí las ventanas de mi habitación. Para mi sorpresa, seguía lloviendo, lo que me desanimó un poco porque esperaba que cambiara el día. Sin embargo, nos alistamos y a eso de las 10:00 salimos con dirección al Convento de los Jacobinos, una construcción que se destaca por su arquitectura en ladrillos rojos, siendo un exponente de la arquitectura Languedociana.

Justo en frente de esta construcción vimos una escultura de una virgen oxidada que me llamó la atención, porque detrás de ella se veía un rayito de luz del sol. Las nubes lo cubrían pero esa pequeña haz de luz nos dio un poco de esperanza para el final de la tarde y el día siguiente. Mi amigo Víctor, un brasileño acostumbrado al sol y la playa, bautizó nuestra aventura como “Kit de emergencia para disfrutar de Tolluvia”.

En Toulouse hay una gran variedad de cafés y bares para compartir con amigos por la vía Víctor Hugo, ytambién puedes disfrutar en días de lluvia las librerías cercanas al capitolio.

El tercer día nos sorprendió con el esperado sol, así que nos dirigimos a realizar una entrevista al equipo de fútbol femenino de Toulouse. Al llegar al estadio, vimos que estaba cerrado. Sin embargo, no nos desanimamos y fuimos a conocer los alrededores, cosa qu

e nos vino “de perlas” ya que en un campo cercano vimos al equipo compitiendo y pudimos hacer la entrevista tras disfrutar del partido.

Después de muchos días de lluvia el sol nos dio una energía nueva y recorrimos de nuevo la ciudad con otros ojos y mucho más animados que los días anteriores.

Para acabar de disfrutar de la ciudad, fuimos a tomar vino y a comer queso a la orilla del río Garona. Las orillas del río se convierten en un lugar donde grupos de amigos se reúnen y se pueden escuchar a músicos tocando en directo. 

Aquí terminó nuestro viaje a Toulouse. Tomamos el BlaBláCar de camino a Barcelona junto a un uruguayo, dos francesas, un brasileño y yo, más colombiana que la arepa, al ritmo de Juanes. Durante el trayecto hablamos de política, fútbol y comida. Entre risas y cantos llegamos a Barcelona, y en la maleta traje recuerdos y nuevos amigos.

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